La Comunicacion con nuestros hijos

Hoy hablaremos de la comunicacion en la familia. La sociedad actual está dominada por la imagen y los avances tecnológicos frente a la palabra hablada o escrita, esto significa que hablar o escribir con corrección representa una gran dificultad para las personas en edad de formación, niños y adolescentes, impidiéndoles una comunicación ágil y fluida que les permita transmitir una idea o pensamiento. De esta manera, se pueden producir barreras de comunicación que dificulten el entendimiento de padres e hijos o de profesionales de la educación con sus alumnos.

En esta ocacion hablaremos de dos partes de la comunicacion muy importantes Escuchar y Hablar.


Escuchando a Nuestros Niños
  • Una de las maneras más importantes de llegar a conocer a nuestros niños es escuchándoles.
    Si queremos que nuestros niños nos hablen y nos cuenten sus cosas, debemos practicar escucharles atentamente.
  • Empezar a escucharles desde que son pequeños; aún los más chiquitos tienen algo que decir.
  • Si les escuchamos cuando nos cuentan lo insignificante, luego nos contarán lo importante.
  • El escuchar es una de las destrezas más importantes para la vida. Si practicamos con nuestro ejemplo, les ayudamos a nuestros niños a desarrollarla también.
  • Al escuchar atentamente prestamos atención total, eliminamos las distracciones, dejamos lo que estábamos haciendo, y le miramos a los ojos.
  • Es importante escoger el tino y el lugar apropiado para cada tipo de conversación.
  • Escuchar con los oídos cuál es el mensaje, oyendo lo que nos dicen directamente, lo que nos dicen entre líneas, y lo que no nos dicen.
  • Escuchar con los ojos, observando su apariencia y su comportamiento.
  • Escuchar con el corazón, con paciencia, reconociendo nuestras emociones.
  • Reflejar el contenido de lo que le escuchamos decir.
  • Reflejar las emociones que reconocemos en lo que nos contaron.
  • Parafrasear lo que escuchamos.
  • Confirmar si lo que entendimos corresponde con el mensaje deseado.

Hablando con Nuestros Niños

  • Hablar con ellos, no hablarles a ellos (“Quiero que hablemos,” no “Quiero hablarte.”)
  • Llamar su atención (por su nombre, tocándoles) antes de empezar a hablar.
  • Hablar con claridad, y según el nivel de entendimiento de cada niño.
  • Incluir a los niños en las conversaciones familiares apropiadas.
  • Considerar la opinión de los niños al tomar decisiones familiares.
  • Usar el pronombre “yo” al comunicar nuestras experiencias.
  • Decir la verdad.
  • Cumplir lo que prometemos.
  • Responder a toda pregunta de los niños.
  • Contestar “no sé” cuando no tenemos la respuesta.
  • Compartir con nuestros niños lo que sabemos y creemos.
  • Hacerles preguntas abiertas sobre sus actividades, intereses, ideas.
  • Demostrar respeto al hablar.
  • Reconocerles cuando toman buenas decisiones.
  • Evitar dar muchos consejos
  • Seguir un “no” con un darles a escoger entre dos “sí.”
  • Comunicarles afecto con palabras y acciones.
  • Decirles “te quiero” como oración completa (no “te quiero cuando…”)
  • Evitar o minimizar los obstáculos de la buena comunicación: ordenar, amenazar, sermonear, criticar, ridiculizar, interrogar, rechazar, ignorar, y atacar.

Fuente: NuestrosNiños.com - Marisol Muñoz-Kiehne,

Niños que no Duermen, Cuestiones de Habito

Consejos útiles para los hábitos de sueño saludables:

A continuación se enumeran algunos consejos útiles para desarrollar hábitos de sueño adecuados para su hijo:

  • Los recién nacidos no tienen un patrón establecido de noche y día durante las primeras semanas de vida. A esta edad, es aconsejable no permitir que el bebé duerma más de cinco horas seguidas durante las primeras cinco o seis semanas ya que su pequeño cuerpo necesita alimentarse frecuentemente.
  • Los bebés de más edad y los niños deben tener un horario establecido para las siestas y para ir a dormir por las noches.
  • Empiece con un tiempo de relajación como por ejemplo, escuchar música suave o leer un libro, 20 ó 30 minutos antes de acostar al niño. Tenga en cuenta que la televisión no debe formar parte de este período de relajación.
  • Luego del tiempo de relajación, siga una rutina para acostar al niño, es decir, cambiarle los pañales, ir al baño, cepillarse los dientes, etc.
  • Establezca un límite para el tiempo de relajación y la rutina, de modo que no se extiendan demasiado y que su hijo sepa qué esperar antes de acostarse.
  • Diga buenas noches, apague la luz y salga de la habitación.
  • Los objetos que brindan seguridad como por ejemplo, una manta especial o un animal de peluche, pueden ser parte de la rutina para ir a dormir.
  • Es importante acostar a los niños cuando todavía están despiertos para que aprendan a dormirse solos.
  • Recuerde nunca acostar a un bebé con el biberón debido a que esto podría provocarle problemas de caries e infecciones del oído.

Consejos útiles para los niños con malos hábitos de sueño:

Los niños pueden fácilmente adquirir hábitos a la hora de acostarse que no siempre son saludables. A continuación se enumeran algunas sugerencias que podría resultar útiles cuando un niño se niega a ir a la cama o tiene problemas para permanecer en ella:

  • Si su hijo llora, háblele con calma y tranquilícelo, "Estás bien. Es hora de ir a dormir". Luego salga de la habitación.
  • No le dé un biberón ni lo tome en brazos.
  • Si su hijo continúa llorando, prolongue el tiempo entre las visitas a la habitación y no haga nada excepto hablar con calma y dejar la habitación.
  • Si usted mantiene esta rutina, su hijo se calmará y se dormirá. Tenga en cuenta que es posible que pueden transcurrir varias noches hasta que su hijo se acostumbre al nuevo plan.
  • Si su hijo suele beber una gran cantidad de leche justo antes de irse a dormir, comience a disminuir la cantidad en el biberón en 15 a 30 ml (1/2 a 1 onza) cada noche hasta que esté vacío y luego retírelo completamente.
  • A veces los niños rompen su rutina de sueño nocturno debido a una enfermedad o un viaje, pero la retoman con rapidez una vez que las cosas vuelven a la normalidad.

Niños con Conductas Agrasivas

Una de las grandes dificultades de los padres es saber cómo tratar la conducta agresiva de sus hijos ya que, a menudo, nos enfrentamos a la desobediencia y a la rebeldía de ellos.
La agresividad es un trastorno que, en exceso, y si no se trata en la infancia, probablemente originará problemas en el futuro, cómo el fracaso escolar, la falta de socialización, dificultad de adaptación, etc.

¿qué podemos entender por agresividad en los niños?

Cuando se habla de agresividad, se está hablando de hacer daño, físico o psíquico, a una otra persona. De una acción intencionada manifestada a través de patadas, arañazos, gritos, empujones, palabrotas, mordidas, corrida del pelo, etc., a otra persona.

Este comportamiento es relativamente común y a menudo aparece cuando el niño cumple un año. Cuando el bebé nace, trae impulsos amorosos y agresivos que, con el tiempo y con el cuidado de los padres, empezará a construir vínculos afectivos y a desarrollar sus relaciones personales. Esta es una fase muy importante. Su personalidad será construida a partir de su conocimiento del mundo a su alrededor. Para eso, es necesario que el bebé se sienta protegido y cuidado en su entorno familiar.

La influencia de la familia

La familia es uno de los elementos más relevantes dentro del factor sociocultural del niño. La familia lo es todo para él. La familia es su modelo de actitud, de disciplina, de conducta y de comportamiento. Es uno de los factores que más influyen en la emisión de la conducta agresiva. Está demostrado que el tipo de disciplina que una familia aplica al niño, será el responsable por su conducta agresiva o no. Un padre poco exigente, por ejemplo, y que tenga actitudes hostiles, y que esta siempre desaprobando y castigando con agresión física o amenazante constantemente a su hijo, estará fomentando la agresividad en el niño. Otro factor que induce al niño a la agresividad es cuando la relación entre sus padres es tensa y conturbada. Dentro del factor sociocultural influirían tanto el tipo de barrio donde se viva como expresiones que fomenten la agresividad, como "no seas un cobarde".

Los factores orgánicos tipo hormonal, mecanismos cerebrales, estados de mala nutrición, problemas de salud, etc., también influyen en el comportamiento agresivo. Y dentro del factor social, el niño que no tiene estrategias verbales para afrontar las situaciones difíciles, será fácilmente conducido a la agresión.

Fuente: GuiaInfantil.com

Niños Aburridos

En los tiempos que corren las familias están abocadas al trabajo con lo cual los hijos también están atados al calendario de los padres: aparte de ir a la escuela, asisten a actividades extraescolares, dibujo, música, deporte… y para las horas que sobran está la tele, los ordenadores y los videojuegos. Resultado: siempre están dirigidos, recibiendo órdenes de un adulto que les dice a que jugar, que hacer, cómo y cuánto. Cuando se está aburrido se busca que hacer, uno mismo decide emprender una actividad para salir del estado de aburrimiento. Y es una cosa que se aprende en la vida. Si planificamos siempre las actividades que deben seguir nuestros hijos ¿cómo aprenderán a recrear esas horas tranquilas y libres que disponen para inventarse un juego, una actividad?

Hay que olvidarse de la agenda, un día sin ella es un día lleno de posibilidades.
También es cierto que los hijos necesitan tiempo para estar con los padres, pero por otro lado deben aprender que los padres tienen sus obligaciones y sus propios “hobbies” en casa. Esto suele ocurrir con frecuencia en los hijos únicos y por sentido común he entendido que el mejor juguete para nuestro hijo es otro niño. Un grupo de niños difícilmente se aburren.

Un Terrible Enemigo

Me refiero exactamente a la Televisión.
Dice el Psicólogo Alejandro Clausell Edo en su libro "Los efectos de la Televisión en la Infancia y el Rendimiento escolar"

"El niño que juega libremente es un verdadero investigador que somete la realidad a experimentos a partir de los cuales va adquiriendo su propia consciencia del mundo a la par que esa madurez que, comúnmente, se había venido llamando "uso de la razón". Pues bien el niño de la generacional de la televisión se ve constreñido a renunciar a su labor de la investigacion en contrapartida, la actividad de contemplar la tele le proporciona una conciencia y una razon que ya no son las suyas."

Seria muy bueno que nosotros los papas que reflexionemos sobre esto.

Peleas entre Hermanos

Las peleas entre hermanos son normales y hasta saludables. Lo raro sería que dos personas que conviven y tienen que compartir sus cosas y sus afectos siempre estuviesen de acuerdo. Además, les prepara para encauzar bien los conflictos que irremediablemente tendrán con personas ajenas a su familia.

Ahora bien, los niños tienen que aprender que todo tiene un límite, y que las peleas en casa también. Vivir entre gritos e insultos indiscriminados es insoportable para ellos y para los adultos con los que viven.

Aunque hay que tener en cuenta que en los niveles de agresividad de cada individuo influye un factor genético, cada niño nace con un temperamento determinado y particular, la actitud de los padres es fundamental para que la paz sea lo habitual en la convivencia. Existen dos posturas a tomar: una a largo plazo para prevenir las peleas y otra a corto cuando ya los niños están en plena contienda. Pero las dos tienen un punto en común: PACIENCIA, CALMA y TONO SOSEGADO por parte del adulto.

Hay que tener claro que las peleas nunca se van a acabar por prohibirlas taxativamente. Es más, los especialistas aseguran que cuanta menos paciencia tengan los padres y más autoritarios sean, más agresividad demostrarán los hijos.

En principio, hay que evitar la famosa frase ¿quién ha empezado?, los padres se convierten en jueces de sus hijos y esto no lleva a nada. Lo perfecto es esperar para intervenir y dar una oportunidad al entendimiento entre ellos. Si vemos que la cosa va a más habrá que interpretar el papel de moderador, dar opción a que los dos expliquen su punto de vista y, tras ESCUCHARLES pacientemente, hacerles entender que deben hablarlo cuando estén más calmados y llegar a un acuerdo. Que cada uno exprese lo que considera justo para solucionar el conflicto. Si vemos que esto es imposible podemos hacer desaparecer, si se puede, el motivo de la discusión. Por ejemplo, si se pelean porque uno quiere ver un programa y el otro un vídeo, se acaba la televisión para los dos. Pelearse de forma agresiva da como resultado perder ambas partes.

Los padres son los primeros que deben cuidar lo que dicen, no incentiva mucho expresiones como “nunca se podréis llevar bien” o “con ustedes no hay quien viva tranquilo”.

Tampoco parece muy lógico esperar que el PERDON por parte de los hermanos sea de forma inmediata, una cosa es que dejen de pegarse o insultarse y otra que se amen locamente cuando acaban de enfadarse. Por lo tanto, es mejor no forzar disculpas o besos que puedan provocar resentimientos.

Cuando uno se enfada necesita desahogarse, a los niños hay que enseñarles que también se puede hacer con palabras que no hagan daño. Por supuesto, lo mejor es con el ejemplo. Si un padre o una madre expresa su enfado con insultos, gritos o explosiones de violencia de cualquier tipo ¿qué espera que hagan sus hijos cuando se enfaden ellos?. Hay que controlarse e intentar racionalizar, es perfectamente lícito decir “ahora prefiero no hablar contigo, cuando me calme lo discutimos tranquilamente”. En momentos de calma hay que enseñarles a verbalizar las emociones y a no acumular rencores.

Es conveniente incentivar las relaciones sociales, invitar amigos a casa para que jueguen los dos hermanos y aprendan a compartir. Cuando los niños no se peleen, FELICITARLOS por ello. Dar valor a las conductas adecuadas las refuerza y será más fácil que se repitan.

Y por último:

- Hay que ser justo, el hermano mayor no es el que tiene que ceder siempre sólo por el hecho de serlo, ni debe sentirse responsable de su hermano.

- Aunque hay que demostrarles el mismo nivel de amor a los dos, y cuanto más se evidencie mejor, no son dos personas iguales ni van a reaccionar de la misma forma. No se puede exigirles lo mismo.

- La inactividad, el aburrimiento y sobre todo el exceso de televisión, propician las peleas.

- Incentivar a que los hermanos aprendan a resolver sus conflictos por sí solos y sólo intervenir en casos extremos.

- Conversar con ellos, si es que los niños no llegan a solucionar el conflicto, hay que escucharlos para que puedan calmarse y reflexionar sobre lo sucedido, si es necesario hacer que estén separados por un momento para evitar que continúen peleando y puedan calmarse.


- No hacer comparaciones, como por ejemplo “entiende, el es más chiquito…”; esto sólo aumenta la rivalidad entre ellos y la rabia.

- Repito Felicitarlos cuando no peleen, elogiar a ambos cuando compartan o solucionen sus conflictos, esto hará que las conductas adecuadas se repitan.


- Enseñarles con el ejemplo, es obvio que si el niño observa peleas entre los padres, seguirá este modelo, pues creerá que es la única forma de resolver los problemas.

La Importancia del Sueño en la Infancia

Cuando hablamos de sueño infantil nos referimos al período diurno o nocturno durante el cual los niños descansan, asimilan y organizan lo visto y aprendido, maduran física y psíquicamente, e inician y ejercitan su independencia del mundo exterior y de sus padres, por un tiempo que es variable según su edad y conducta.

El sueño cumple una función reguladora y reparadora en el organismo. Es esencial para el control de la energía y la temperatura corporal. El sueño reabastece y restaura los procesos corporales que se han dañado durante el día.

El sueño consta de dos fases:

El sueño REM

Sueño de movimientos oculares rápidos (REM, siglas en inglés): Es la fase activa del sueño, en la que el cerebro permanece activo. Y también la más corta.

El sueño NO REM

Sueño NO REM. Es la fase tranquila y profunda del sueño. Y también la más larga.

El sueño está dividido en cuatro etapas que se van profundizando progresivamente, duran cerca de 90 minutos cada una y que siempre obedece a un mismo orden: sueño REM (más liviano y corto) y el sueño NO REM (más profundo y largo). Lo que quiere decir que todos los bebés transitan por ciclos de sueño superficial y profundo durante una misma noche. Conforme el bebé vaya creciendo, lo normal es que los sueños REM vayan disminuyendo y que los NO REM vayan aumentando. A la edad de 4 meses, por ejemplo, el bebé consigue dormir 3 o 4 horas seguidas.
Durante los 90 minutos de sueño profundo acompañado en los extremos por el sueño liviano, el bebé experimenta un estado de semialerta. En estos momentos es cuando el bebé está propenso a despertarse. Pero minutos después, entrará en la fase más profunda completando su descanso nocturno de casi 8 horas.

Así que hay que respetar esos intervalos no interrumpiéndolos, para que se conviertan en una costumbre. Hacer con que el niño concilie el sueño es una tarea difícil, un verdadero desafío. Pero si se respeta su ritmo todo será más fácil. Un recién nacido, por ejemplo, ya tiene un modo propio de dormir y de despertarse. A los padres cabe generar el ambiente apropiado para que este mismo modo permanezca. Si al despertarse el bebé no encuentra una respuesta inmediata, se verá obligado a encontrar su propia rutina para seguir durmiendo.

Alimentación Infantil

En muchas ocasiones los padres, con un gran deseo de que el niño esté bien nutrido, hacen de la hora de la comida el momento de más tensión en el hogar, con angustia, ansiedades y reproches a la conducta del niño frente al alimento. Los niños tienen la sabiduría natural frente a sus necesidades fisiológicas.

Se come por necesidad, no por obligación

El hambre, que es la normal demanda del alimento, es diferente al apetito que es el normal deseo de satisfacer el gusto. La conducta alimenticia necesita una guía y nadie mejor que la madre para valorar este hecho de gran importancia en el crecimiento físico y emocional del hijo.

Ante el problema señalado existen varios manejos

- La hora de la comida debe ser agradable y necesaria para el niño.. Evitar que se condicione al castigo si no concluye el plato
- Ayude al niño ante la percepción de la comida. Sírvale en el plato más grande la misma cantidad de comida a modo que perciba poca comida dentro de su plato.
- Puede motivarle el poner la mesa, dejar que él mismo se sirva, y que decida y tenga autonomía sobre sus gustos alimenticios.
- Siempre que puedas permítale que coma con los padres para que se apropie de los hábitos alimenticios de su familia, asimilando la conducta y modelos de ésta.
- Permitirle escoger su menú puede influir en el éxito o fracaso de su alimentación. El éxito no significaría solamente que los alimentos ingresen al niño, sino el desenvolvimiento natural y saludable de la criatura al alimentarse.
- No permitirle complacencias y exquisiteces. Eso sólo ubicaría a usted y a su hijo dentro de otro problema. La hora de la comida tiene un lugar, un tiempo y un fin claro y necesario.

No pretenda que el niño coma la misma cantidad de alimento que vosotros. Deje que él decida y coma la cantidad de comida que necesita para satisfacer su hambre y desarrollar de forma sana sus gustos. Si el problema se hace crónico y llega a crear malestar emocional sin soluciones en la familia, por favor consulte un especialista.

Miedos en la Infancia

Si tu hijo sufre por algún miedo es muy importante que le transmita tranquilidad, seguridad, y le ayude a superar a sus miedos con mucho cariño y comprensión. De una forma general, los miedos suelen aparecer en niños de edad comprendida entre los 3 y los 6 años de edad. El niño todavía no entiende el mundo que lo rodea y tampoco es capaz de separar lo real de lo imaginario. En los primeros años de vida, el niño conoce la existencia de personajes a través de los cuentos, películas, etc., y a la vez pasa a inventar compañeros y personajes, e incluso situaciones imaginarias.

Los miedos aparecen y desaparecen

Algunos miedos llegan a ser perjudiciales al desarrollo del niño, sin embargo hay otros que incluso, pueden hacer con que el niño evite algún accidente: Por ejemplo: miedo al cruzar una calle, miedo de caerse del columpio, miedo a los animales, etc. Son miedos que enseñan al niño a ser mas precavido en situaciones que exigen mas cuidados.

Según algunos investigadores, los miedos aparecen y desaparecen, y a veces sin darnos cuenta de ello. Y cambian a la medida que el niño va creciendo. Los niños empiezan a tener miedo a las personas extrañas, a objetos raros, a los ruidos fuertes, a la oscuridad, y luego empezarán a tener miedo a la muerte, a los monstruos, a los ladrones, etc. Muchos de estos miedos se ven inducidos por el ambiente externo como las películas, los cuentos, las historias de los amiguitos, y otros están fundados en experiencias negativas en casa o fuera de ella, y de hecho pueden servir a los padres como alarma para identificar situaciones de algún maltrato o abuso a su hijo.

Uno de los miedos más habituales en los niños pequeños es la angustiosa separación de sus padres, el miedo al abandono. Cuando su mamá lo deja en una guardería o con otra persona y se marcha, el bebé o el niño no sabe cuánto debe esperar para volver a verla. Y ahí aparece el miedo a la pérdida definitiva ya que el niño no tiene la capacidad de medir el tiempo. Pero a medida que el niño madura va conociendo con mas profundidad la realidad, y así superará sus miedos. Y no se puede acabar con todos sus miedos porque estos también les permiten a entender el mundo y a sentirse mas seguros en su habilidad para luchar contra el miedo.

Como Ayudar al niño con miedo

- Es muy importante que escuches a tu hijo, permitiéndole que exprese todos sus miedos.
- Habla con tu hijo sobre sus miedos. Intenta saber qué es lo que le asusta. Y réstales importancia pero sin ignorarlas.
- Transmítale afecto, protección, tranquilidad, y confianza. De esa forma, tu hijo te contará siempre sobre sus miedos, y podrás ayudarlo a que los supere y crezca mas seguro de sí mismo.
- Estimula a tu hijo a expresar sus miedos sin sentirse ridiculizado ni avergonzado. Para eso es necesario que aceptes los miedos como reales. Háblale por ejemplo de situaciones que le han asustado cuando eras pequeña/o y de sus miedos.
- Enfrenta al problema con tu hijo. Cuando él no sea capaz de hacer algo solo, intenta hacerlo con él para que pueda comprobar que no pasa nada. Si por ejemplo, él no quiere entrar a oscuras en su habitación, dale la mano y entra junto con él.
- No pierdas la oportunidad de enseñar a tu hijo como otras personas actúan con confianza en aquellas situaciones que él teme. Si tu hijo ve a otro niño tocar una hormiga puede que le ayude a perder el miedo a los insectos.
- Premia a tu hijo por cada vez que él consiga avanzar en la superación del miedo. Alaba su esfuerzo, sus logros, su valentía y su decisión. De esta forma estarás animándole y dándole mas confianza.
- Cuando tu hijo esté pasando por una situación de miedo, trata de distraerle con juegos. Por ejemplo: si el miedo que tiene es de la oscuridad, inventa juegos de espionaje o de busca de tesoros con linternas en una habitación oscura. Y cuando él consiga encontrar el tesoro (imaginario), dile lo valiente que ha sido y hazle notar que no ha pasado nada de malo.
- Cuéntale siempre la verdad. A veces es el desconocido y la falta de información lo que provoca los temores a tu hijo. Si él se asusta con los cuentos de ogros, brujas, etc., dile que todos los personajes no existen en la realidad y que viven solamente en los cuentos, en las películas, etc. Le repita muchas veces si es necesario.

Lo que no debes hacer

- No asuste a tu hijo con historias de ogros, de fantasmas, de brujas, etc., principalmente antes de acostarle. Tienes que decirle que estos personajes solamente existen en los cuentos y películas..
- No te rías de los temores que tu hijo expresa. Si ridiculizas o burlas de su miedo disminuirá su confianza. Frases como No seas tonto, niños como tu no deben tener miedo de eso, o No tienes vergüenza de tener estos miedos..., no contribuirán para disminuir el temor que él siente. Al revés, le desanimará a compartir sus temores contigo.
- No transmita mas miedo a tu hijo del que ya tiene. Él necesita tener su seguridad y confianza. No ignore sus miedos. No le mienta, por ejemplo, diciéndole que una inyección no le dolerá o algo parecido. Si mientes sobre una situación de miedo le producirá más temor. Ayúdale a prepararse para enfrentar la situación con la verdad y con honestidad. Si tu hijo tiene miedo de irse al colegio, oiga sus razones, llévalo de visita a la escuela, enséñale su clase y habla sobre lo mucho que irá aprender allí.
- No obligues a tu hijo a pasar situaciones que él teme. Los miedos no se superan enfrentándose a la situación de una vez por todas. En lugar de ayudar, algunas veces esto intensifica el miedo. Tu hijo tiene el derecho de acostumbrarse poco a poco a situación que él teme. No le obligues ver una película de la cual él tiene miedo, o que acaricie a un perro que no le gusta.
- No transmita sus temores personales hacia tu hijo. Si tienes miedo a las arañas, tu hijo puede sentirlo. La forma en que enfrentas tus propios miedos le da a tu niño el patrón a seguir para enfrentar situaciones similares.
- No le llames de cobarde o infantil a tu hijo si se muestra temeroso ante cualquier situación. No le ridiculices. Eso no le ayudará en absoluto. Le hará sentirse inseguro, necesitado de cariño, solitario y sin comprensión.
- No le obligues a afrontar su miedo en solitario. Este es un tremendo error. Nunca obligues a tu hijo a entrar a oscuras en su habitación si no quiere hacerlo. Provocarás un aumento de su ansiedad y contribuirás a alargar ese miedo e incluso a perpetuarlo. Además, el sentimiento de no ser capaz de afrontar la situación no le dejará sentirse orgulloso de sí mismo.
- No le des demasiada importancia. Si cada vez que veas un perro te interpones entre tu hijo y el animal e insistes en que tu le defenderás, el niño acabará pensando que todos los perros son realmente peligrosos y no podrá superar su miedo.
- No ignores los miedos de tu hijo. Si así lo haces, el niño se sentirá perdido y solo. No encontrará la forma de enfrentarse al problema y percibirá por tu parte desinterés y falta de cariño y de atención.

Fuente: Psicólogos del Centro Privado Infantil