Gritar a los Niños trae Consecuencias Negativas

Parece demostrado que un niño atormentado por los gritos constantes de sus padres se convierte en un niño nervioso, inquieto e inmaduro y proclive al desequilibrio físico.

Momentáneamente, chillar o gritar puede servir para que un niño cambie su actitud o conducta en ese instante, pero tiene muchos efectos negativos. El primero es que afecta al sistema nervioso y produce desequilibrio físico y psicológico, pero además los gritos pierden rápidamente su posible efecto de cambio de conducta porque el niño se habitúa a ellos y se convierte a su vez en una persona que no sabe hablar ni dialogar en un tono normal. Todo lo dice a voces, imitando la conducta hiriente, destemplada y subida de tono de sus progenitores.

Para el diálogo es imprescindible la calma y la empatía necesarias para saber escuchar y ponerse en el lugar del otro. Quien grita pierde el control de sí, no escucha y activa la inquietud y el nerviosismo en su interlocutor. Su hijo prefiere que le pegue, porque el grito equivale a varias bofetadas físicas y también psicológicas. El daño neurológico, físico y emocional que padece su hijo, asediado por la violencia de sus gritos desaforados, es muy superior al de un azote o bofetada. Mi consejo es que tome muy en serio este asunto y aprenda a comunicarse con sus hijos de forma más serena y calmada, poniendo en práctica estos principios:

  • Recuerde siempre que un niño es una persona inteligente que tiene derecho a ser escuchado y a opinar.
  • Escúchele con atención y dé importancia a lo que dice, transmitiéndole confianza y paz.
  • Intente reconocerle algo valioso y positivo en sus opiniones antes de rechazarle sus errores con argumentos.
  • Si usted se equivoca, reconozca con sencillez sus errores y así su hijo aprenderá a reconocer los suyos.
  • Finalmente, no olvide nunca que cada persona tiene 'su' verdad y 'sus' razones, pero nadie tiene 'toda' la verdad.
  • Si quiere que su hijo le obedezca, motive y refuerce las conductas que pretenda inculcarle. Manténgase firme y demuéstrele que es más rentable obedecer y hacer lo que debe y que la desobediencia y falta de responsabilidad le saldrá cara.
Fuente: http://veganpas.blogia.com/

Y Tiempo Que Pasamos Con Nuestros Hijos?

Dedicar a los hijos tiempo “de calidad” se ha convertido en una propuesta de la que se habla tan frecuentemente y con tanta insistencia, que muchas personas han caído en la trampa de creer que sólo la calidad es importante y, por ello, le restan importancia a la cantidad.

¡ Claro que la calidad es importante ! Sin embargo, en la mayoría de los casos, es imposible lograr calidad si no se parte de una cantidad de tiempo adecuada. No se puede hornear un pastel, aunque se utilicen los mejores ingredientes,si no se dispone del tiempo requerido para ello. Tampoco puede lograrse una cosecha, aun con ayuda de los mayores avances tecnológicos , si se restringe demasiado el tiempo.
Si realmente se quiere participar activamente en la formación de los hijos , no basta con dedicarles “cuarenta y cinco segundos al día”, aun cuando estos segundos sean de “altísima calidad”.
Los dos parámetros son importantes : cantidad y calidad.
Por lo mismo, es indispensable encontrar esos lapsos de contacto -que no sean demasiado pequeños- y hacer lo necesario para que dichos tiempos sean realmente de calidad.

Cuando el problema es la falta de tiempo .

Hay padres que se quejan de que no tienen tiempo para los hijos porque se ven en la necesidad de dedicar demasiadas horas a trabajar, a fin de poder satisfacer las necesidades familiares .
La limitación de tiempo es una realidad,pues el tiempo es uno de los recursos más escasos,y no hay fórmula que valga para hacer que el día tenga más horas. Así la solución al problema de la comunicación de los hijos debe enfocarse a encontrar la manera de hacer un mejor uso de ese poco tiempo disponible.
Para ello, lo primero que tienen que hacer los padres es enlistar los bloques de actividades a las que le dedican tiempo cada día: trabajo, traslados , reuniones sociales, televisión, periódico, etc. Esto tiene el objetivo de identificar aquellos bloques a los que se les invierte mucho tiempo y aportan muy poco y tomar conciencia de aquellos bloques a los que, a pesar de su gran importancia, no se les está dedicando el tiempo que requieren.
Partiendo de esa “ fotografía completa ” , puede hacerse un p roceso de reacomodo, a fin de restar algo de tiempo a las actividades menos importantes y dedicárselo a lo que realmente
vale la pena, como el tiempo de contacto con la familia y con cada uno de los hijos para participar más activamente en su p roceso de formación y educación.
Fuente: Familia Presente por Norah y Jorge Zuloaga

VIOLENCIA ENTRE HERMANOS

Ocurre cuando los padres están emocionalmente ausentes

Un reciente estudio publicado en la revista Child Maltreatment halló que el 35% de los niños evaluados había sido golpeado o atacado por un hermano en el transcurso del año anterior. El estudio se basó en entrevistas a 2030 niños o a las personas que estaban encargadas de su cuidado. Aunque algunos de esos ataques puedan haber sido efímeros e inocuos, más de un tercio fueron realmente perturbadores y dejaron marcas: el 14% de los niños fue repetidamente atacado por un hermano; un 4,5% fue golpeado con suficiente intensidad como para dejar magullones, cortes, dientes rotos y ocasionalmente una fractura, y un 2% fue golpeado con piedras, juguetes, mangos de escobas, palas y hasta cuchillos.
Los niños de entre 2 y 9 años que fueron atacados repetidamente, según demostró el estudio, tenían el doble de probabilidades que otros niños de su edad de padecer graves síntomas de trauma, angustia y depresión, tales como insomnio, accesos de llanto, pensamientos suicidas y miedo a la oscuridad.
"Hay formas muy graves de victimización fraterna, y graves reacciones a ellas", dijo David Finkelhorn, sociólogo del Laboratorio de Investigación Familiar de la Universidad de Nuevo Hampshire, Estados Unidos, y uno de los principales autores del estudio, quien afirma que esa clase de violencia suele menospreciarse o minimizarse. "Si yo golpeara a mi esposa, nadie vacilaría en considerar esa conducta un acto criminal -dijo Finkelhor-. Pero cuando un niño hace lo mismo a su hermano, el mismo acto suele considerarse una simple pelea o un altercado."
La violencia entre hermanos registrada en el estudio de Finkelhor resultó ser más frecuente entre niños de 6 a 12 años, ligeramente más frecuente entre varones que entre mujeres, y disminuía gradualmente a medida que los niños ingresaban en la adolescencia.

De la rivalidad al maltrato Pocos expertos están de acuerdo en el grado de la violencia entre hermanos, y pocos coinciden en cuál es el punto en el que termina la rivalidad entre hermanos y empieza el abuso y el maltrato. Es un tema poco estudiado, sobre el que se han realizado solamente dos estudios nacionales, un puñado de trabajos académicos y, en el último cuarto de siglo, ha sido abordado apenas en un par de libros.

En 1980, el sociólogo Murray Straus de la Universidad de Nuevo Hampshire publicó "Behind Closed Doors", un pionero estudio nacional de la violencia familiar, en el que concluía que la relación entre hermanos era el vínculo humano más violento. Si se lo evaluaba estrictamente por cálculo de golpes, Straus estaba en lo cierto: su estudio reveló que el 74% de los niños estudiados había golpeado o empujado violentamente a un hermano en el curso de un año y el 42% había pateado, mordido o golpeado a un hermano o una hermana (cuando sólo un 3% de los padres habían agredido a un hijo con esa violencia y sólo un 3% de los esposos había atacado físicamente a su esposa).

John V. Caffaro, psicólogo clínico y terapeuta familiar de un suburbio de San Diego, Estados Unidos, define la violencia entre hermanos como un patrón reiterado de violencia e intimidación. En una entrevista, Caffaro, coautor del volumen "Sibling Abuse Trauma", dijo que el abuso era casi siempre determinado por una combinación de falta de compromiso parental, testosterona y demografía familiar. Según Caffaro, se da con mayor frecuencia en las familias numerosas compuestas por hijos varones próximos en edad y con menor frecuencia entre hermanas. "Un niño puede golpear a un hermano con fuerza, pero no consideramos que eso sea maltrato o abuso -explicó-.

Lo que buscamos es un patrón reiterado y, cuando eso ocurre, es porque los padres no suelen estar presentes.

El abuso se da más frecuentemente, agregó, cuando un progenitor está emocionalmente ausente como resultado de un divorcio, largas horas de trabajo, muchos viajes, alcoholismo, preocupación por sus propios problemas u otros factores.
Uno o ambos progenitores no están suficientemente cerca como para cumplir su función. Casi siempre es así, explicó Caffaro, y agregó que los padres periféricos son particularmente problemáticos. Las cosas son caóticas, los límites son confusos y la supervisión es mínima, dijo, y señaló que esas familias no siempre son caóticas cuando se las ve desde afuera. A veces el padre simplemente está mucho tiempo viajando por negocios, y la madre no es buena para poner límites.
En otros casos, agregó, los padres agravan el conflicto distinguiendo a los hijos favoritos, ignorando la obvia victimización, interviniendo tan sólo para acallar a los niños o para culpar a los hijos mayores sin entender que los menores en realidad los han provocado.
Aunque algunos niños no controlan sus impulsos, dijo Caffaro, la violencia sólo se convierte en abuso repetido cuando los padres no la controlan desde el principio.

Por Katy Butler De The New York Times

Traducción: Mirta Rosenberg Diferentes motivos de pelea

Los dientes de los niños y bebés


Como padres debemos estar concientes de la importancia de la salud de la boca y de los dientes de nuestros hijos. Y los primeros cuidados deben empezar ya en el embarazo. En la alimentación de la madre deben estar presentes: calcio, fósforo, proteínas y vitaminas A, C y D.

Cuánto antes nos preocupemos del tema, menos dolores de cabeza tendremos en el futuro.
Los cuidados basicos de los dientes de los niños y bebés Mantener una buena salud de los dientes es tarea que se debe comenzar desde niños.

Desde los llamados dientes de leche que deben estar bien cuidados a pesar de que su duración no sea larga. Estos dientes le proveen al niño masticar correctamente al ingerir alimentos sólidos. Si estos dientes están enfermos o no están bien cuidados, los dientes permanentes heredarán la misma enfermedad que su antecesor.
Por esta razón, los cuidados son mas que necesarios durante la niñez.
Según informa la Academia de Odontología General, los hábitos para el cuidado de la dentadura empiezan a desarrollarse cuando el bebé tiene cuatro meses; es decir, cuando deja la lactancia y empieza a tomar papillas y otras comidas.
A esa edad es cuando al niño le nace el primer diente; el tipo de comida que se le dé puede afectar a su salud dental durante toda la vida. De hecho, se ha determinado que hay una correlación grande entre el consumo de bebidas azucaradas durante la infancia, y el consumo posterior de alimentos con gran contenido de azúcar.

Cómo cepillar los dientes de los niños

Limpie los dientes de tus hijos por lo menos una vez al día. Lo mejor es limpiar los dientes justo antes de ponerlo a dormir. A los dos años, la mayoría de los dientes del niño han salido. Ahora los puede empezar a cepillar con una pequeña cantidad de pasta dental con fluoruro. Use una cantidad pequeña de pasta dental. El cepillado de los dientes debe hacerse dos veces al día, con una de las veces antes de dormir y después de la ultima toma del pecho. El niño puede cepillar los dientes por la mañana el solo, pero los padres deben cepillar los dientes por la noche. Al principio, muchos niños pequeños se resisten a esta rutina y necesitan que los padres restrinjan sus movimientos en forma gentil pero firme. Si es necesario, hay que distraer al niño diciéndole que cómo son hermosos sus dientes, que tenemos que limpiarlos para eliminar los "bichitos malos" (los gérmenes). Si el niño siente que la higiene dental no es una forma de castigo, sino una expresión de amor el ritual nocturno se acepta mas fácilmente con el tiempo. Aunque este método puede parecer extremo, es mucho menos traumático que el tener que llevar al niño al dentista para resolver problemas que se hubieran podido evitar.

Y lo mas importante de todo es crear el habito de la limpieza de los diente, que el niño se acostumbre a que debe límpiense los dientes, por lo menos una ves al día.

Si somos firmes al principio luego todo será mas censillo, el niño habrá adquirido el habito y solo querrá hacerlo.

Austeridad y Templanza en la Familia


Solo el que vive con una cierta austeridad, sin esclavizarse por los deseos de poseer y atesorar, es capaz de disfrutar realmente las cosas y alcanzar una felicidad duradera.

La Familia es quizás el mejor ámbito para cultivar la sobriedad y la templanza. Educar en esos valores impulsa al hombre por encima de las apetencias materiales, le hace mas lucido, mas opto para entender otras realidades. En cambio, la destemplanza ata al hombre a su propia debilidad.


Por eso quienes educan a sus hijos en un torpe afán de satisfacerles todos sus deseos, les hacen un daño grande. Es una condescendencia que puede nacer del cariño, pero que también y quizás mas frecuentemente, nace del egoísmo., del deseo de ahorrarse el esfuerzo que supone educar bien. Como la dinámica del consumismo es de por si insaciable, lleva a las personas a modos de ser caprichosos y antojadizos, y les introduce en un espiral de búsqueda constante de comodidad. Se les evitan los sufrimientos normales de la vida, y se encuentran luego débiles y mal acostumbrados, con unas de las hipotecas vitales mas dolorosas que se pueden sufrir, pues siempre harán poco y les costara mucho.


Por eso me atrevería a decir que una educación excesivamente indulgente, que facilita la pereza y la destemplanza, es una de las formas mas tristes de arruinar la vida de una persona.


Fuente: por Alfonso Aguiló, Familia Cristiana - Argentina