Consecuencias de los padres autoritarios, violentos y ausentes

Es necesario hacer una reflexión sobre las paternidades autoritarias, violentas y ausentes, porque repetir estas actitudes puede tener algunas de las siguientes consecuencias
EFECTOS DEL USO DE LA VIOLENCIA, EL CASTIGO Y EL INSULTO… La creencia de que el uso de los golpes, insultos y castigos es la forma más efectiva de “educar” a hijas e hijos es equivocada, porque afecta sus sentimientos y actitudes. No sólo en el momento en que esto ocurre, sino también para la vida futura de esas niñas y niños.

No hay que olvidar que durante la niñez, e incluso durante la adolescencia, los padres significan mucho para las hijas e hijos. Todo lo que ellos dicen les parece importante y verdadero porque proviene de alguien de quien esperan confianza, amor, enseñanzas y seguridad.
Cuando los padres usan estos medios hacia una niña o un niño, le ocasionan daños en el cuerpo y en las emociones. Esto reduce la confianza que toda mujer y todo hombre deben sentir hacia sí mismos y hacia los demás.

Con esto también devalúa la imagen que estas hijas e hijos tienen de sí mismos, los hace sentir que valen menos y que, por lo tanto, otros y otras tienen el derecho de agredirlos, maltratarlos o abusar de ellas y ellos.

Todo esto afecta su autoestima, es decir, el amor a sí mismos, que es lo que ayuda a cualquier persona a confiar en sus propias capacidades y conocimientos; a sentirse segura, valorada, querida y preparada para afrontar problemas y conflictos de la vida.
CONSECUENCIAS DE LAS FORMAS AUTORITARIAS DE EDUCAR… Cuando los padres son demasiado estrictos al imponer su autoridad, su forma de ser y de pensar sobre los demás, con su ejemplo transmiten este mismo comportamiento a sus hijas e hijos. Además les provocan muchas inseguridades y temores.

En un principio, hijas e hijos no aceptan estas actitudes de los padres, las rechazan y critican; pero de tanto vivirlas durante la infancia y la adolescencia, corren el riesgo de repetirlas con los demás y con sus propias hijas e hijos, cuando sean adultos. A largo plazo, esto provoca que estas actitudes intransigentes sigan afectando a nuevas generaciones de mujeres y hombres.

EL SEXISMO COMO ORIGEN DE LAS FORMAS RÍGIDAS Y “MACHISTAS” DE SER PADRE… Las características de las tres formas de ser padre que hemos mencionado corresponden a lo que comúnmente se llaman formas “tradicional”, “patriarcales” o “machistas” de ser padre. Estas actitudes originan que las relaciones entre mujeres y hombres sigan siendo formas sexistas de educar.
Las formas sexistas consisten en discriminar; educar y dar tratos de privilegio a los niños y tratar como menos a las niñas, sólo por tener diferente sexo.

Esta visión sexista y discriminatoria contribuye a educar a los varones en el privilegio, es decir, hace que los niños y los adolescentes reciban espacios, juegos, conocimientos y valores que favorecen su independencia, el dominio en el mundo de la vida pública “escolar, laboral, política, deportiva, cultural, recreativa, etcétera y familiar. Sin embargo, al mismo tiempo, esta manera de educarlos les niega la posibilidad de expresar el dolor y sus emociones más íntimas.
Mientras tanto, a las niñas, las adolescentes y mujeres se les discrimina y se les educa para servir a los demás, dándoles tareas, juegos y valores que promueven su dependencia de los hombres y limitan su desarrollo personal a la vida doméstica y familiar, con la justificación de alejarlas de los riesgos pero, al mismo tiempo, con esto se les priva de muchas experiencias positivas que podrían significar retos y oportunidades para demostrar lo seguras y fuertes que son.

Si bien es cierto que esta forma sexista en lo que los padres pueden educar a sus hijas e hijos no siempre es tan marcada y estricta como mencionamos antes, es importante saber que toda formación de educación que imponga diferencias entre mujeres y hombres, contribuye a que siga habiendo desigualdad en derechos y obligaciones entre ellos y ellas. También provoca que la diferencia siga siendo motivo de discriminación y rechazo.
Estas formas sexistas de ser mujer y hombre también transmiten a hijas e hijos con el ejemplo. Cuando el padre y la madre se reparten las tareas domésticas y el cuidado de los hijos en una forma que no es equitativa, les enseñan que los privilegios son para los hombres y que el lugar de las mujeres es atender y servir a los demás.
Al igual que las formas violentas y autoritarias, el sexismo también es aprendido en la convivencia cotidiana y contribuye a que las hijas e hijos repitan estas conductas cuando sean adultos.
Estas formas de educar y comportarse resultan inconvenientes si se toma en cuenta que, en la actualidad, la crisis económica obliga a que las mujeres trabajen fuera de su casa para alcanzar un mejor nivel económico y mayor calidad de vida para sus familias.

POR ESO ES NECESARIO COMENZAR A HACER CAMBIOS QUE PERMITAN:
+ Que las mujeres también sean educadas para alcanzar seguridad, fuerza y habilidades para salir adelante; es decir, con iguales derechos y obligaciones que los hombres.
+ Que los hombres no estén obligados a reprimir sus emociones y su sensibilidad, y se permitan ser expresivos, afectuosos y pacientes con sus hijas e hijos.
+ Que los padres puedan establecer mejor comunicación con las hijas e hijos; relaciones más tolerantes y cariñosas, haciendo esta experiencia más disfrutable.
+ Que el padre y la madre compartan equitativamente la tarea de cuidar y educar a sus hijas e hijos, para favorecer el desarrollo de todos los integrantes de la familia.

Por: Mariano Báez Aguilar

No hay comentarios: